México, 23 de noviembre, 2012)
En la actualidad, los artistas latinoamericanos abordan con su trabajo
diversos temas, entre los que destacan los conflictos político-sociales y
culturales de sus respectivos países o su propia crisis de identidad. Parecen
lanzarse sin prejuicios y sin velos a la tarea de redescubrirse, buscando con
ello, poco a poco, redefinir la idea que el resto del mundo tiene de Latinoamérica,
y consiguiendo un nivel de honestidad y auto-aceptación que ya hacía falta en
el arte que surge, como diría Julio Cortázar, ‘del lado de acá’.
Si hay algo que ha caracterizado a
gran parte del arte producido en Latinoamérica en los últimos años, es la
sensación de que, por fin, comienza a aceptarse a sí mismo como un híbrido que
habla su propia lengua ante un mundo que pretende ferozmente homogeneizarlo
todo. Una mezcla diferente, sin duda, al sincretismo que imperó en el arte latinoamericano
previo y que, en la mayoría de los casos, no pretende ocultar su pasado
turbulento, asumiéndose como resultado de influencias diversas y planteando
reflexiones que van más de acuerdo con nuestro entorno y nuestra realidad
actual.
Tal es el caso de los artistas que participan en las tres exposiciones colectivas
tituladas Ocho Miradas Latinoamericanas
-3era. Estación, Artistas
Dominicanos – Identidades Entrecruzadas y Video Dominicano, que,
desde el 14 de noviembre, se presentan en la galería y las diferentes salas y
exteriores del Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), y permanecerán
abiertas al público hasta el mes de enero.
La curaduría de las tres muestras corrió a cargo de Graciela Kartofel, y
en ellas se reúne el trabajo de artistas provenientes de Argentina, Chile,
Colombia, México, Venezuela y República Dominicana.
Al visitar las exposiciones, uno no puede evitar sentir esa multiplicidad
que nos caracteriza y extrañamente nos une. Se trata de una convergencia de
miradas diferentes y propuestas artísticas que intentan trastocar los
parámetros establecidos del arte desde la visión particular del
latinoamericano, ya sea aquel radicado en su país de origen o del que optó por
un exilio voluntario.
En palabras de la curadora: “Si antes en cada región las preguntas
versaban acerca de qué es la identidad y en tal caso qué es la cultura, la
globalización mutó estas indagaciones por rescates de lo que se identificó como
lo local=identitario. Todo aquello que se considera auténtico, autóctono, podía
comenzar a desdibujarse. Defender que eso no sucediera se ha verbalizado, discutido
y publicado. En una sociedad de medios como la que se vive, ese desdibuje es
imposible de evitar, pero a la vez, la mercantilización y extensa difusión
exponen las numerosas pautas que no se quieren perder.”
Resalta sobre todo la obra de los artistas dominicanos, quienes de
manera singular y divertida cuestionan su posición dentro del mundo actual. En
la sala que ocupa la exposición Artistas
Dominicanos – Identidades Entrecruzadas, uno puede encontrarse con
propuestas tan diversas como un salvavidas confeccionado y pintado a mano que
muestra etiquetas de viajes internacionales o serigrafías que combinan mapas de
la ciudad de Nueva York -sitio de exilio de algunos de los artistas expositores-,
con dibujos de elementos pertenecientes a una iconografía que hace referencia a
la idea de ‘lo latinoamericano’, generando un discurso que versa sobre el
problema de la migración desde el punto de vista del inmigrante-cosmopolita, como
Bananhattan obra de Yunior Chiqui
Mendoza, o Soñando despierto de
Scherezade García, integrantes del Proyecto Gráfico Dominican-York.
Realmente vale la pena darse la oportunidad de conocer la propuesta de estos
artistas que, con su práctica fresca, colmada de miradas y voces múltiples,
confirman las palabras de Octavio Paz, “el hombre es plural: los hombres”.
Carmen María Espinosa
Xalapa, 2012