domingo, 27 de enero de 2013

espejo enterrado citas

"todo descubrimiento es mutuo"

"¿porqué tantos tienen tan poco y tan pocos tienen tanto?"

"¿quiénes somos?
¿cuál es nuestro nombre?
¿quiénes eran nuestros padres y nuestras madres?
¿reconocemos a nuestros hermanos?
¿qué recordamos?
¿qué deseamos?"

Carlos Fuentes, El espejo enterrado


sábado, 19 de enero de 2013

Arte urbano en Xalapa

(Texto publicado en la sección cultural del diario Oye Veracruz.
México, 18 de enero, 2013)


Cuando era niña los adultos no paraban de quejarse de los grafitis, en los 80 nadie pensaba que una pared intervenida por un grafitero podría llegar a valer más si se le dejaba el grafiti. Hoy, la realidad del arte urbano es otra muy diferente de la que lo vio nacer.

Parte del quehacer del arte es ocuparse de registrar los diferentes modos en que los seres humanos interactuamos con nuestro tiempo y espacio, así como de generar nuevas maneras de percibirlos. A lo largo de las últimas décadas han surgido  prácticas que se alejan de lo tradicional en su producción o presentación, pero que han ido encontrando poco a poco su legitimación como nuevas formas de arte.


En los grandes centros urbanos existen manifestaciones del arte pensadas para llegar a la gente que transita a diario por las calles, que trabaja o vive en ellas. Un arte que se sale del museo y la galería, uno al que no le importan las etiquetas ni los nombres suntuosos, que no se fija tanto en los materiales o los soportes sino en el espacio con el que interactúa. Un arte forjado en las calles en apoyo a los movimientos sociales. Un arte con una carga crítica y poética, eso es el arte urbano: dibujos en los pisos y paredes, grafitis, calcomanías, esténcil, aerografía.

El término “arte urbano” se hizo popular desde los años 90, también se le llama post-grafiti a aquellas técnicas que se alejan del grafiti tradicional, como el esténcil (o estarcido), los carteles, las calcomanías, los murales, etc. El esténcil cobró especial relevancia desde los 60, pero no fue sino hasta mediados de los 90, cuando las diversas propuestas de esta técnica cobraron auge en distintas partes del mundo y comenzaron a ser percibidas como parte de un mismo fenómeno.

Sin embargo, actualmente entran en esta denominación desde los grafitis, esténciles, calcomanías o carteles en los que se leen contundentes consignas políticas o frases con sentido poético que buscan propiciar una reflexión hasta los murales con costosas y monumentales producciones, realizados con el apoyo y la protección pública y privada, y que sirven como ornato de grandes edificios, puentes y pasos a desnivel, espacios que hoy se abren para que los artistas trabajen, protegidos del tránsito y de los transeúntes y para que su obra llegue a más gente.

Hoy en día el arte urbano tampoco escapa de suscribir las tendencias de la moda internacional y de la publicidad. En los últimos años han salido a la luz algunos artistas callejeros que se han convertido en grandes estrellas y cuyos estilos y modos de trabajar han marcado pautas a seguir en quienes aún están en el anonimato. Entre estos artistas se cuentan nombres como los de Os Gemeos, Sten & Lex, JR, Momo y Erica il Cane. Por su parte, Roa, Aryz, Escif y Saner son algunos de los artistas que participaron en 2012 en All City Canvas, un festival de Arte Urbano llevado a cabo en la Ciudad de México, patrocinado y presentado por Sprite. O el famoso artista Banksy, cuya obra “Bombing Middle England” recientemente alcanzó a venderse en 102 mil libras esterlinas (más de 2 millones de pesos) en una subasta de Sotheby’s. Estos son algunos de los nombres de quienes hoy marcan la pauta internacional.

Además, varios artistas se han acercado a instituciones en un afán de legitimar estas formas de arte y buscar apoyo, ya sea en su producción, presentación o difusión.

En Xalapa, recintos como el Agora de la Ciudad y la GAC son ejemplos de espacios oficiales que han presentado muestras de arte urbano en una búsqueda, ya sea del artista o bien de la institución, de llevar "triunfante" al museo eso que alguna vez salió de él. Existen también ejemplos de galerías privadas donde no sólo se exponen estas manifestaciones, sino que están incluso destinadas enteramente a ellas.

Pero, por definición el arte urbano es callejero; se repite a sí mismo que no necesita del encierro del museo o la galería y prefiere estar expuesto al ojo público, insertándose en el día a día de los habitantes de una ciudad. Ya sea de manera legal y con una producción detrás, o pensándose más como una estrategia subversiva, es ahí, en las calles, donde ese arte cobra todo su sentido y adquiere toda su carga y su independencia. Grafiti, aerografía, calcomanías, esténcil, cualquiera de estos resulta un medio adecuado para un uso como el que se requiere en las calles. Un arte vivo, con una carga conceptual declarada.

En Xalapa podemos mencionar nombres ya conocidos, como los de los artistas Yurek y Dems, o los grafiteros del Colectivo RAK, quienes junto con Tiempo de Stencil, famosos por sus stickers, expusieron en la Galería de Arte Contemporáneo en 2010. Otros más recientes como REACCIÓN POÉTICA, o Bomber, quien actualmente invade las paredes del centro de la ciudad. Por otro lado, Sebastián Fund, artista conocido por su producción gráfica, recientemente ha estado también colocando obra en las calles y, a Daniel Berman y Lucía Prudencio les fue comisionada la obra que hoy se aprecia en el paso a desnivel del Parque Juárez, en el centro. Estos y otros nombres son tan solo algunos de los que se mencionan hoy en nuestra urbe y todo parece indicar que una nueva generación de artistas urbanos comenzará a salir del anonimato. Artistas que siguen, o no, las tendencias internacionales y las carreras de las grandes estrellas, pero que hablan de su realidad actual, desde las calles para las calles.


Carmen María Espinosa
 Xalapa, 2013

(Imágenes publicadas acompañando la nota / Fotografía: David Castillo y Jerónimo Rosales.)

Arte contemporáneo mexicano premiado durante el 2012


(Texto publicado bajo el título "Marcela Armas y Teresa Margolles. Dos artistas contemporáneas mexicanas premiadas en 2012" en la sección cultural del diario Oye Veracruz. México, 06 de enero, 2013)


Arranca el 2013 con un panorama internacional en el que el arte contemporáneo mexicano se encuentra bastante bien posicionado.

México, en general, vuelve a estar poco a poco en la mira de los círculos de artistas y teóricos internacionales. Sobre todo aquellos artistas que, sin haber extirpado totalmente de su obra el elemento de identidad localista y sin abusar de retóricas que resalten su condición marginal, han logrado proyectar un trabajo que hable de su realidad a partir de un producto ‘de amplio espectro’, es decir, una obra cuyo contenido sea entendido por la mayor cantidad de gente, sin importar nacionalidad o credo.

Ese es el caso de la obra de las artistas mexicanas Marcela Armas y Teresa Margolles, quienes en 2012 fueron premiadas a nivel internacional por su trabajo.

Armas recibió en febrero el VII Premio ARCO/Beep de arte electrónico (Madrid, España) y Margolles, a su vez, recibió durante los últimos meses del 2012 dos importantes premios europeos, Prince Claus 2012 y Artes Mundi 5, otorgados por la Fundación Prince Claus (Amsterdam, Holanda) y por la Bienal Artes Mundi (Gales, Reino Unido), respectivamente.

Vale la pena hacer una revisión del trabajo de ambas artistas y de las piezas por las que fueron galardonadas para poder así trazar un eje mental respecto al porvenir del arte contemporáneo mexicano y a lo que se espera de sus artistas a nivel internacional en este año que comienza.

El trabajo más reciente de Marcela Armas se distingue por el uso de maquinaria y nuevas tecnologías. La artista, nacida en Durango en 1976, refleja en su trabajo un fuerte interés en la investigación sobre energía y sustentabilidad. En la obra premiada, aborda el tema de la desigualdad económica y social en el mundo contemporáneo a través de la presentación de un sistema de generación y distribución de energía eléctrica que muestra metafóricamente lo insostenible que resulta nuestra sociedad actual. Se trata de una escultura en forma de dodecaedro con componentes interconectados que reciben diversas cargas eléctricas dependiendo de la demanda de cada uno de ellos. En esta pieza, que lleva por título Máquina Stella, se plantea la imposibilidad de encontrar la distribución perfecta de la energía, lo cual desemboca en la fundición de uno de los filamentos y su subsecuente colapso. “Si una parte demanda mucha energía, las otras responden; es como un juego de interacción continua, pero si una parte de colapsa entonces se colapsa todo el sistema” comentó la artista, para quien esta obra “… es, finalmente, una metáfora del desigual reparto de la riqueza en nuestra sociedad, a partir de un pensamiento artístico abstracto sobre la distribución de la energía”.  
ARCO, el evento en el que se premió la obra de Armas, es una Feria Internacional de Arte Contemporáneo que recientemente, según palabras de Carlos Urroz, director de ARCO Madrid 2012, se ha dado a la tarea de impulsar “las creaciones de artistas que utilizan las nuevas tecnologías como una herramienta más para la expresión, creación e investigación”. Marcela Armas es la primera artista multimedia mexicana en recibir el Premio ARCO Madrid/Beep de Arte Electrónico.  

Por su parte, Teresa Margolles se ha distinguido por centrar su trabajo en el tema de la violencia en México usando como principal hilo conductor los crímenes relacionados con el tráfico de drogas que han aumentado considerablemente en los últimos años.

Margolles ha logrado insertar su obra, que reflexiona primordialmente sobre el contexto social y político mexicano, en el discurso del arte contemporáneo internacional, participando así en eventos de reconocido prestigio como la Bienal de Venecia o la feria londinense Frieze.
Durante 2012, el trabajo de Margolles fue reconocido con dos premios importantes, el primero le fue otorgado por la Fundación Prince Claus, la cual, desde 1996, reconoce la labor de aquellos artistas que procuran ampliar los márgenes de la libertad de expresión, afrontando los riesgos que esto implica y sirviendo de inspiración para las futuras generaciones. El segundo, el Artes Mundi 5, es otorgado cada dos años a artistas que, sin importar su nacionalidad, se comprometan con la realidad social y la condición humana.

Teresa Margolles, artista sinaloense nacida en 1963, cuenta con estudios en Medicina Forense y Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. La obra premiada con el galardón Prince Claus se encuentra expuesta desde diciembre en la galería de la Fundación Prince Claus de Amsterdam y sus instalaciones Plancha y 32 años Levantamiento y traslado donde cayó el cuerpo asesinado del artista Luis Miguel Suro, premiadas en el Artes Mundi 5, permanecerán expuestas hasta el próximo 13 de enero en el National Museum Cardiff junto a la obra de los demás artistas nominados al premio.

Cabe señalar un elemento que une el trabajo de estas dos artistas mexicanas galardonadas durante 2012: el hecho de que ambas se valen de conocimientos y herramientas pertenecientes a campos de estudio diferentes y, en apariencia, distantes al de las artes y las humanidades, borrando así las fronteras que separan al arte de la ciencia y logrando con esto una simbiosis en la que la obra de arte sirve como punto de partida para que la sociedad reflexione sobre sus alcances, problemas y posibilidades.


Carmen María Espinosa
Xalapa, 2013 

Pepe Maya en la Pinacoteca Diego Rivera


(Texto publicado bajo el título "De la mano y el color de Pepe Maya" en la sección cultural del diario Oye Veracruz. México, 21 de diciembre, 2012)


Comencé el recorrido como lo indica el mapita que me fue entregado al ingresar a la Pinacoteca.  La sala estaba perfectamente iluminada y un aire de pulcritud y solemnidad rodeaba las piezas expuestas; la obra se me presentaba, en un inicio, fría y distante; tan perfectamente montada y emplazada en el espacio que, de alguna manera, parecía totalmente ajena a mí o a mi cotidianeidad.

La Pinacoteca Diego Rivera tiene la particularidad de ser un espacio tan solemne, reservado a la trayectoria de los grandes maestros, que ‘tanto aire de museo’ puede llegar a intimidar. Es esa misma característica que comparten todos los museos, que, sin proponérselo –no al menos abiertamente- marcan su distancia respecto al público poco acostumbrado a ellos o incluso a uno que otro más asiduo a visitarlos con frecuencia.

La obra que se exhibía era toda del pintor veracruzano Pepe Maya, artista de gran trayectoria formado en la Academia de San Carlos. Se trataba de una exposición que lleva su nombre y reunía obra pictórica y gráfica producida de 1991 a la fecha.

Yo me dejé guiar por el trayecto marcado en mi mapa, el cual contenía también las fichas técnicas de cada pieza. Las primeras que observé llamaron mi atención en cierta medida pero, no sería sino hasta llegar a la octava obra, cuando de pronto caí en la cuenta de que me encontraba completamente embebida, volando libre por paisajes que parecía conocer desde siempre. Fue en ese momento cuando me percaté de lo ocurrido, la pintura de Pepe Maya había logrado ‘romper el hielo’. Se me había olvidado por completo dónde estaba, qué hora era o qué tenía que hacer al salir de la exposición, simplemente ‘estaba siendo’ en perfecta armonía con lo que observaba, mis sentidos podían extenderse gracias a los lienzos que tenía enfrente.

Podía sentir la brisa de un mar que parecía mío desde hace mucho tiempo, podía percibir su aroma a sal y el viento rozando las palmeras, podía escuchar pájaros cantar (a pesar del frío que hacía afuera en aquella tarde de invierno xalapeña). Y, ya en ese momento, me resultó inevitable ceder ante la invitación que me hacía el pintor a entrar en su mundo de naturaleza y libertad. Me dejé guiar  y, como se lee en el texto de sala, ubicado al inicio de las escaleras que conducen hacia el mezzanine de la Pinacoteca, Pepe Maya tomó mi mano y me llevó a conocer sus sueños.

En la obra de Maya resaltan los juegos de contrastes, de tonos tenues que transmiten serenidad, sus paisajes del 2000 tienen trazos fugaces y salvajes, temperamentales. Son recurrentes en su obra los símbolos de la naturaleza, un ir y venir de abstracciones.

En la obra De los paisajes del sueño, de 2008, la técnica empleada (tempera sobre papel),  permite paladear una cierta dulzura de atmósfera borrascosa que recuerda la obra de Turner.

Estar frente a un cuadro de Maya no es indagar en su pensamiento, es más como palpar sus sensaciones. En casi todos sus paisajes predominan los azules obsesivos, los goteos, lo furtivo. Parece que en ocasiones rasga la pintura, todavía fresca en el lienzo, y le añade un sello distintivo en donde queda evidente la búsqueda de expresividad, así como un interés profundo en el estudio del paisaje y su amplio conocimiento del color.

Su obra habla de lo presente y lo ausente en nuestro carácter terrenal y humano. Parece que en sus paisajes el cielo y la tierra se confunden. Sus cielos aparecen, en ocasiones, delimitados por un encuadre que el mismo artista ha decidido trazar, convirtiéndolos en ventanas hacia el alma humana, con ello Pepe Maya logra recalcar su interés en lo profundo y lo personal. Al mismo tiempo, su conexión con la tierra lo lleva a utilizar símbolos de la naturaleza: vegetación, cuerpos desnudos, aves y cocodrilos todo en armonía y conviviendo en sus lienzos con aeroplanos o papalotes, símbolos del vuelo y de la libertad.

Seguí mi recorrido y, al regresar a la planta baja, me encontré con piezas tan interesantes como la serie de 1998 titulada El rincón de los niños en tiempo de guerra, un conjunto de seis pinturas al oleo que retratan la atmósfera abrumadora y sombría de una infancia interrumpida por la tristeza, aquí el autor logró plasmar la profundidad de los universos quebrantados y de inocencias que se desdibujan, me conmovió.  Más adelante me encontré con ocho pinturas que en conjunto llevan el título Suite Paisajes del haiku, la serie completa es limpia, trazos rápidos en tinta negra sobre inmaculados fondos blancos, una serie que me cautivó por su bella simpleza, como su nombre prometía.

En la obra de Pepe Maya se refleja el trabajo de día a día, el cual encuentra su origen en el evidente talento innato del artista, quien, con el paso de los años, ha conseguido cuidar, pulir y perfeccionar su práctica hasta el punto de liberarla. Se trata de una pintura lírica, una invitación a soñar, una invitación a ser libres en la que el artista confía en la imaginación del espectador.

Finalicé mi recorrido sintiendo que acababa de estar frente a una exposición atemporal, de que había permanecido en un estado de sueño y de que había valido la pena dejarme guiar por Pepe Maya para, no solo conocer lo que sus sueños expresan, sino, de alguna manera, también conocerme a mi misma un poco más a través de la desnudez de su obra, despojada de todas pretensiones, libre completamente.

La exposición de Pepe Maya permanecerá montada en la Pinacoteca Diego Rivera, ubicada en el número 5 de la calle J.J. Herrera, en el Centro Histórico de Xalapa, hasta el 03 de Febrero, la entrada es gratuita.


Carmen María Espinosa
Xalapa, 2012

Ctrl -Una instalación audiovisual de José Carlos Zubiaur-


(Texto publicado en la sección cultural del diario Oye Veracruz.
México, 13 de diciembre, 2012)

La obra del artista multidisciplinario José Carlos Zubiaur se distingue por la calidad de un resultado final que deja de manifiesto el arduo trabajo de experimentación y perfeccionamiento, tanto técnico como discursivo, que le precede.  Para él es importante, durante el proceso de creación, volver a la experiencia de ser niños, en el sentido de que “aprendemos a través de la experimentación y el error” y le interesa, por medio del arte, llegar a adquirir mayor conciencia de sí mismo y de lo que le rodea. 

Con un trasfondo que abarca estudios de psicología y artes visuales, el artista veracruzano, cuyo oficio de origen es la pintura, inició desde hace tiempo un estudio de los elementos que sirven de conexión entre un individuo y su entorno, enfocando su trabajo visual  a la exploración de sistemas de signos, códigos y lenguajes, así como al estudio de los diversos modos en que la tecnología y el aumento de la información disponible modifican el proceso de interpretación de los sistemas simbólicos en cada ser humano.

En Ctrl, la instalación audiovisual con la que la GACX cierra su ciclo de exposiciones de 2012, Zubiaur se apoya en el uso de nuevas tecnologías para presentar al espectador una serie de formas abstractas, casi orgánicas, resultado de la manipulación de elementos gráficos y sonoros “recreados virtualmente en tres dimensiones”. Las imágenes resultantes se convierten en una especie de decodificación de datos, visualmente atrayente al tiempo que desconcertante.

Zubiaur apela a una experiencia intuitiva de la obra, en la que el público se enfrenta con un nuevo sistema de aprehensión de la realidad, a través de la recombinación de los signos ya conocidos: “Mi obra no trata de presentar un discurso especifico, más bien propone un lenguaje nuevo, de referencias cotidianas fácilmente comprensibles por medio de la intuición”, comenta José Carlos, quien considera a artistas como Magritte, Kandinsky, Baldessari y Daniel Buren entre sus principales influencias.

Sus intereses personales y la evolución de su proceso creativo, han llevado a José Carlos a apoyarse en juegos de correspondencias entre pensamiento, lenguaje e imagen secuencial, todos ellos elementos recurrentes en su obra. Ésta, volcada recientemente hacia el uso del video y los medios digitales, termina por inscribirse dentro de los territorios del arte post-conceptual, donde teoría y práctica quedan entrelazadas por el puente físico que constituye la obra.  

Con su trabajo, el artista logra reflejar el carácter artificial de los tiempos que vivimos, trascendiendo una búsqueda meramente visual o formal y superando los límites de ‘lo efímero’ que caracteriza al arte de las ideas.

El trabajo de Zubiaur adquiere matices especiales si se toma en cuenta que vivimos tiempos en los que los procesos de ordenamiento y codificación de la información, por parte de cada individuo, resultan cada vez más complicados, pero no dejan de ser necesarios para cambiar el “estado de conocimiento de un sujeto”. Según Andreas Stunes, la instalación audiovisual Ctrl, de José Carlos Zubiaur, “no solo hace referencia a la información virtual, sino que resalta la capacidad del ser humano de controlar ese espacio y transformarlo.”

Ctrl se presenta en la Sala 3E Espacio Expositivo Emergente, de la Galería de Arte Contemporáneo del IVEC, ubicada en Xalapeños Ilustres 135 en el Centro Histórico de Xalapa. Y se inaugura hoy jueves 13 de diciembre a las 20:00 horas. La entrada es gratuita.


Carmen María Espinosa
Xalapa, 2012




Arte nuevo ‘del lado de acá’

(Texto publicado en la sección cultural del diario Oye Veracruz.
México, 23 de noviembre, 2012)


En la actualidad, los artistas latinoamericanos abordan con su trabajo diversos temas, entre los que destacan los conflictos político-sociales y culturales de sus respectivos países o su propia crisis de identidad. Parecen lanzarse sin prejuicios y sin velos a la tarea de redescubrirse, buscando con ello, poco a poco, redefinir la idea que el resto del mundo tiene de Latinoamérica, y consiguiendo un nivel de honestidad y auto-aceptación que ya hacía falta en el arte que surge, como diría Julio Cortázar, ‘del lado de acá’.


 Si hay algo que ha caracterizado a gran parte del arte producido en Latinoamérica en los últimos años, es la sensación de que, por fin, comienza a aceptarse a sí mismo como un híbrido que habla su propia lengua ante un mundo que pretende ferozmente homogeneizarlo todo. Una mezcla diferente, sin duda, al sincretismo que imperó en el arte latinoamericano previo y que, en la mayoría de los casos, no pretende ocultar su pasado turbulento, asumiéndose como resultado de influencias diversas y planteando reflexiones que van más de acuerdo con nuestro entorno y nuestra realidad actual.

Tal es el caso de los artistas que participan en las tres exposiciones colectivas tituladas Ocho Miradas Latinoamericanas -3era. Estación, Artistas Dominicanos – Identidades Entrecruzadas y Video Dominicano, que, desde el 14 de noviembre, se presentan en la galería y las diferentes salas y exteriores del Jardín de las Esculturas de Xalapa (IVEC), y permanecerán abiertas al público hasta el mes de enero.
La curaduría de las tres muestras corrió a cargo de Graciela Kartofel, y en ellas se reúne el trabajo de artistas provenientes de Argentina, Chile, Colombia, México, Venezuela y República Dominicana.
Al visitar las exposiciones, uno no puede evitar sentir esa multiplicidad que nos caracteriza y extrañamente nos une. Se trata de una convergencia de miradas diferentes y propuestas artísticas que intentan trastocar los parámetros establecidos del arte desde la visión particular del latinoamericano, ya sea aquel radicado en su país de origen o del que optó por un exilio voluntario.

En palabras de la curadora: “Si antes en cada región las preguntas versaban acerca de qué es la identidad y en tal caso qué es la cultura, la globalización mutó estas indagaciones por rescates de lo que se identificó como lo local=identitario. Todo aquello que se considera auténtico, autóctono, podía comenzar a desdibujarse. Defender que eso no sucediera se ha verbalizado, discutido y publicado. En una sociedad de medios como la que se vive, ese desdibuje es imposible de evitar, pero a la vez, la mercantilización y extensa difusión exponen las numerosas pautas que no se quieren perder.”

Resalta sobre todo la obra de los artistas dominicanos, quienes de manera singular y divertida cuestionan su posición dentro del mundo actual. En la sala que ocupa la exposición Artistas Dominicanos – Identidades Entrecruzadas, uno puede encontrarse con propuestas tan diversas como un salvavidas confeccionado y pintado a mano que muestra etiquetas de viajes internacionales o serigrafías que combinan mapas de la ciudad de Nueva York -sitio de exilio de algunos de los artistas expositores-, con dibujos de elementos pertenecientes a una iconografía que hace referencia a la idea de ‘lo latinoamericano’, generando un discurso que versa sobre el problema de la migración desde el punto de vista del inmigrante-cosmopolita, como Bananhattan obra de Yunior Chiqui Mendoza, o Soñando despierto de Scherezade García, integrantes del Proyecto Gráfico Dominican-York.

Realmente vale la pena darse la oportunidad de conocer la propuesta de estos artistas que, con su práctica fresca, colmada de miradas y voces múltiples, confirman las palabras de Octavio Paz, “el hombre es plural: los hombres”.



Carmen María Espinosa
Xalapa, 2012

Lo extraño y lo familiar en el videoarte

(Texto publicado en la sección cultural del diario Oye Veracruz.
México, 9 de noviembre, 2012)

Mientras recorría una exposición de arte contemporáneo que se presentó recientemente en Xalapa entré a una de las salas donde, iluminada solamente por la luz de un video proyectado, relucía una banca de parque en medio de la obscuridad. El conjunto de la banca y su presencia en la oscura sala de proyección me hizo recordar la primera vez que me enfrenté a una videoinstalación en un museo. Esos primeros encuentros con el video en el contexto de una muestra de arte están generalmente marcados por la sensación de que algo no pertenece, sin saber si lo que está fuera de lugar es el video, el espacio, la noción del tiempo, las convenciones lógicas, el espectador o la obra. Lo extraño y lo familiar cohabitan en la disciplina artística del videoarte y la videoinstalación.

De alguna manera, durante ese primer encuentro con el video en el espacio galerístico, la intimidad implícita en la oscuridad de la pequeña sala de proyección (en la que no cabían más de diez personas)  y la incomodidad en el asiento que me tocó (en una esquina, en el suelo), me permitieron, como espectador, rebasar un límite que una obra expuesta en una sala iluminada de manera normal o un video observado en condiciones comunes no me hubieran permitido hacerlo. Me di cuenta entonces de que la obscuridad que habitaba esa pequeña sala del museo me permitía intimar con la obra de manera parecida a como ocurre en el cine, con una sensación de que uno se encuentra solo con lo que observa en la pantalla y que el tiempo transcurre en un espacio paralelo.

En muchos casos el video sirve como soporte documental para el artista, ya sea para documentar un suceso o registrar un acontecimiento en el tiempo, en esos casos se convierte en un accesorio de la obra. Pero cuando el video por sí mismo es la obra, es entonces cuando nos preguntamos ¿qué es lo que opera en el momento de experimentar o interactuar con él?

Es común encontrarse con espacios en los museos y las galerías en los que se presentan videos en pantallas o televisores. En la década de los ochenta, artistas como Bill Viola y Gary Hill usaban el video para mostrar los flujos del pensamiento consciente, usándolos como una línea narrativa. En los 90, la artista Jenny Holzer popularizó el uso de proyecciones sobre superficies arquitectónicas, práctica recurrente en el arte actual y que en México encontró su referente en la obra del videoartista Fernando Llanos. Sin embargo, el uso del video como herramienta durante la creación o como parte fundamental de una obra de arte no es nada nuevo. A nivel internacional fueron artistas como Andy Warhol o el japonés Nam June Paik quienes en los 60 comenzaron a utilizar el video como herramienta de su creación; Warhol, documentando performances y acciones, y June Paik, experimentando con sus instalaciones de televisores, en las que usaba la videocámara como brocha y la pantalla del televisor como lienzo.

La portabilidad de la videocámara y las posibilidades que proporcionan los distintos formatos de presentación proveen al artista de una amplia libertad para crear. La cámara y el monitor se transforman, entonces, en una conexión entre el espacio interno y el externo.

Según la investigadora Adriana Zapett, la primera muestra de videoarte en México fue en el Museo de Arte Moderno del INBA  en 1973. Cuatro años después, en 1977, México fue anfitrión del IX Encuentro Internacional, I Encuentro Nacional de Videoarte que dio cita en el Museo de Arte Carrillo Gil a videoartistas nacionales como Jorge Glusberg, Miguel Erehnberg y Pola Weiss y a extranjeros como Paik, Shigeto Kubota, John Baldessari, Allan Kaprow, Amerigo Marras, incluyendo a algunos artistas sudamericanos.

Hoy en México ya es frecuente encontrarnos con muestras y festivales de videoarte. A lo largo de los años, esta disciplina ha ido adquiriendo su legitimación en el ámbito del arte nacional. La proliferación en las últimas décadas del uso de dispositivos portátiles de videograbación y el auge de la distribución electrónica de esas mismas videograbaciones ha facilitado la familiarización de la gente con el medio del video con potencial creativo, hasta convertirlo en un elemento más de nuestra cotidianeidad.

Pero aunque el video ya no resulte, para nada, extraño en la vida cotidiana del ser humano, todavía nos resulta en ocasiones extraño experimentarlo dentro del museo, en la galería, en el espacio público o en cualquier otro lugar que el artista o el curador hayan determinado para que se experimente la obra; interactuando con el espacio y con el tiempo de una manera diferente a la secuencialidad cotidiana, pero con elementos que nos son familiares, el video y la pantalla o la intimidad de la obscuridad.

Y es, quizá, esa misma sensación de extrañeza una posibilidad de potencial creativo para los artistas, que les permita propiciar en el público un estado de experimentación y reflexión diferente al cotidiano.


Carmen María Espinosa
 Xalapa, 2012